Hoy en día, el término Autocuidado se ha ido posicionando
paulatinamente en el quehacer diario de las empresas, contribuyendo de manera clave
en su cultura preventiva, toda vez que cada uno de los integrantes de estas
asuma una conducta segura en su lugar de trabajo, protegiéndose a sí mismos y a
sus compañeros de los peligrosos existentes.
Cuando la práctica del Autocuidado se internaliza
adecuadamente en la organización, la valoración de las personas hacia sí mismas
es notoriamente mayor; pero, ¿cuál será el grado de relevancia en las empresas?
Decimos que si la empresa ha asumido la seguridad como un valor y que dentro de
sus indicadores de gestión presenta el desafío de mantener a mínimos niveles
los accidentes y enfermedades profesionales, la herramienta del Autocuidado se
torna poderosa para lograr estos fines.
Podemos comentar muchas cifras de entidades ligadas a la
seguridad y salud ocupacional, como la OIT, la OMS, entre otras, que refuerzan
la importancia y necesidad de integrar el Autocuidado a la gestión integrada de
las organizaciones, pero la dimensión de las cifras de accidentes fatales en el
mundo que indican estas instituciones, no hacen sino preguntarnos: “¿podemos
estar conformes con la gestión que hacemos de la seguridad y salud ocupacional
de los trabajadores en las organizaciones?”.
Sin duda que no, y en ese sentido, la herramienta del
Autocuidado ha cambiado la mirada de las organizaciones desde una
administración simple de la prevención a una gestión más armoniosa y
sostenible. Ejemplos reales podemos encontrarlos en el sector minero, con la
gestión HSEC (Health, Safety, Environment and Community).

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