miércoles, 30 de noviembre de 2016

Auto cuidado como salud mental

El estigma de las enfermedades de salud mental

Miles de personas en nuestro país sufren de trastornospsiquiátricos. De hecho, es probable que todos tengamos un amigo, familiar o conocido que padezca alguno. Pero tras ellos suelen esconderse muchos mitos que dificultan el diagnóstico, tratamiento e integración social de quienes los sufren. ¿Qué podemos hacer para revertir esto? Aquí lo explicamos.

“El problema con las enfermedades de salud mental es que muchas personas no las consideran enfermedad como tal”, afirma Rodrigo Gillibrand, jefe del servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital del Trabajador ACHS. Esto ocurre porque no tienen síntomas tan visibles, “pero un trastorno bipolar, una depresión o estrés postraumático, son patologías como cualquier otra y deben ser tratadas adecuadamente”, agrega.

Suele haber mucha desinformación con respecto a este tipo de trastornos, lo que genera un estigma en torno a ellos. Por lo mismo, muchas personas se avergüenzan de pedir ayuda y nunca son diagnosticadas y las que están en terapia, deben cargar con un peso social extra que puede hacer más difícil su tratamiento.

EL ROL DE LA FAMILIA Y LAS REDES DE APOYO


Frente a cualquier tipo de enfermedad es vital contar con redes de apoyo, como la familia, amigos o compañeros de trabajo, porque son ellos el círculo más cercano que puede contener al afectado y ayudarlo a levantarse.

Sin embargo, en el caso de este tipo de patologías muchas veces ocurre lo contrario. “En ocasiones, los que detonan o los que hacen que un cuadro psiquiátrico se mantenga, son precisamente los conflictos familiares, por eso es crucial que el entorno se convierta en un aliado del paciente y que coopere en todo lo que se necesita”, explica Rodrigo Gillibrand, ya que de esta forma el tratamiento puede ser mucho más exitoso.

¿Cómo podemos ayudar?

Si en nuestro círculo íntimo hay una persona con un trastorno psiquiátrico, nuestro rol es importante en su recuperación. Por eso, pongamos en práctica lo siguiente:

     •     ACEPTAR LA ENFERMEDAD: aunque parezca que no está ahí porque no hay una lesión o síntoma físico evidente, reconozcamos que existe una patología y dejemos de creer que lo que le pasa al otro es “para llamar la atención” o “lo hace para manipular.”


     •     SOLICITAR INFORMACIÓN: involucrarse con la enfermedad y saber cómo lidiar con ciertos aspectos, genera tranquilidad. La mejor forma de obtener esa información es preguntándosela directamente al especialista. 


     •     ESTIMULANDO POSITIVAMENTE: alentemos a la persona en su tratamiento y démosle fuerza, aun cuando la enfermedad sea complicada. La persona necesita saber que hay alguien que lo apoya incondicionalmente y que no emitirá juicios sobre su situación.


     •     ESTANDO DISPONIBLES: ofrezcamos ayuda para todo. Dependiendo del tipo de patología, pueden haber personas que sientan temor de andar solas en la calle o estén más distraídas por lo que olvidan ciertas cosas. A ellas, démosle la seguridad de que pueden contar con nosotros.






EL DESAFÍO DE CONSTRUIR UNA “CULTURA PREVENTIVA”


El concepto de “cultura de seguridad” nace en los años 80 vinculado fundamentalmente a los accidentes mayores y en concreto al accidente nuclear de Chernobyl, pasando a ser denominado “cultura preventiva”cuando con el tiempo se amplía al conjunto de riesgos y adopta una dimensión global.
El planteamiento surge al comprobar la falibilidad de los sistemas de gestión de la seguridad en empresas de alto riesgo, después de grandes inversiones realizadas en su definición, implantación y desarrollo, estos sistemas no son capaces de garantizar la seguridad y se producen accidentes catastróficos. El concepto de “cultura de seguridad” nace para salvar este “gap”, entendiéndose como la capacidad global de una organización para garantizar el funcionamiento eficaz de sus sistemas de gestión de seguridad y salud, la ausencia de esta capacidad aumenta la posibilidad de fallos del sistema.
No se puede obviar la aportación de las normas, procedimientos, responsabilidades, ordenación de recursos, etc., que conlleva la implantación de un sistema de gestión, pero si es necesario conocer el plus que aporta la cultura preventiva al funcionamiento óptimo y eficaz de los sistemas de gestión. Simón y Frasee (1) nos ayudan a clarificar la idea con un ejemplo que por sencillo y cercano es aun más descriptivo:

“La cultura preventiva es como el caldo del estofado: la carne y las verduras son los elementos básicos (normas, equipamiento, recursos) pero si el caldo (liderazgo, visibilidad, confianza, apoyo, integridad) está rancio se echará a perder el guiso (programa preventivo).”

La cultura preventiva por lo tanto es un elemento clave para el desempeño óptimo de las organizaciones en materia de seguridad y salud, ya que el esfuerzo preventivo realizado por las organizaciones  llega a ser menos eficaz, es decir llega un momento en el que los recursos aplicados a seguridad y salud no dan los resultados esperados. Un ejemplo gráfico lo tenemos en la figura; en un eje se representan los resultados de la gestión de seguridad y salud, mediante el índice de incidencia y en el otro eje la evolución temporal. Son muchos los autores que constatan esta representación.

Las empresas comienzan a tener resultados positivos de reducción de siniestralidad cuando comienzan a aplicar normas e invierten en tecnología, en esta etapa las inversiones se realizan en mejoras de ingeniería (equipos y procesos) y se comienza a poner énfasis en la seguridad. La evolución temporal constata que las bajadas de los índices de siniestralidad se estancan y la línea se convierte en asintótica.
Las organizaciones que siguen mejorando y no se conforman, comienzan a integrar la seguridad y salud en los procesos de trabajo, empiezan a implantar un sistema de gestión de la seguridad y salud efectivo. La inversión se realiza en la definición e integración de sistemas, en la recogida de datos y análisis de los mismos, en la definición de competencias y responsabilidades, formación, etc., se comienza en definitiva a gestionar los riesgos. La puesta en marcha y mejora de los sistemas de gestión en seguridad y salud dan resultados, los índices de siniestralidad siguen bajando, pero de nuevo se produce una ralentización en el descenso, de nuevo se llega a una asíntota. En algunos casos en los que los sistemas de gestión tienen un alto grado de implantación y efectividad la línea asintótica se encuentra en niveles muy bajos.

Pero hay empresas que quieren seguir mejorando y conseguir reducir su siniestralidad a cero, o a niveles de incidencia muy bajos, necesitan seguir realizando un esfuerzo preventivo, esfuerzo que está ligado a la mejora de la “cultura preventiva”. Las organizaciones que comienzan a recorrer este camino invierten en la evaluación de aspectos culturales, comienzan a observar el comportamiento y a analizar sus causas; se trata de empresas que ponen en marcha programas de refuerzo del liderazgo en seguridad y salud, donde la dirección tiene un papel crucial y se fomenta la asunción personal de responsabilidades, el compromiso compartido, la transparencia y se reconoce la participación activa en la mejora de todos los miembros de la organización.

Son muchas las empresas que ya están desarrollando estrategias y programas de fomento de la cultura preventiva, se trata sin duda de empresas que buscan la excelencia, empresas que quieren convertirse en empresas saludables, para las que la seguridad y salud es un valor de su negocio.

Consejos básicos para evitar accidentes en el trabajo

La prevención de accidentes es un desafío que nos involucra a todos. Por una parte, las empresas tienen un papel fundamental en proponer acciones que fomenten la seguridad, pero también debe existir un compromiso de parte de los trabajadores que les permita resguardar su propia integridad y la del resto de sus compañeros. Para lograrlo, aquí proponemos cinco iniciativas básicas.

Conoce el reglamento interno

Por ley, toda empresa debe contar con un reglamento interno de higiene y seguridad. En él se de tallan aspectos tan importantes como las acciones que no puedes realizar porque implican un riesgo para tu integridad o la del resto, o qué elementos de protección personal debes utilizar de acuerdo a tu labor, por eso es un documento que necesariamente todos deben conocer. Si aún no revisas el de tu lugar de trabajo, solicítalo a tu jefatura o al área de prevención, según corresponda.


Participa en cursos de capacitación



En la ACHS contamos con una amplia oferta de cursos de formación y si bien algunos de de ellos deben ser solicitados por la empresa para su implementación, existen otros en modalidad online que puedes gestionar directamente en el sitio. Realizar estos cursos por cuenta propia y participar activamente en otras iniciativas que fomenten la prevención de riesgos, te entregará valiosas herramientas que podrás poner en práctica diariamente.

Solicita información sobre riesgos asociados a su función

Este consejo aplica sobre todo a quienes son nuevos en una empresa. Si te quedan dudas con respecto a algún procedimiento o sobre las funciones que debes realizar, no te expongas a ningún riesgo y pide información. Es cierto que, en parte, esto es responsabilidad de la empresa, pero una actitud pro-activa y comprometida con la seguridad finalmente se traduce en una menor tasa de accidentes.

Pon atención a ciertos riesgos y da aviso sobre irregularidades

¿Te toca operar una máquina y te diste cuenta que no funciona correctamente? Infórmalo oportunamente a tu jefatura para que lo solucionen y nunca intentes hacerlo por tu cuenta si no tienes los conocimientos suficientes. Si ves otras situaciones de riesgo como líquidos derramados en el suelo, por ejemplo, también da aviso para evitar que otros trabajadores se accidenten. De igual forma, si tus elementos de protección personal se rompen o sufren un desperfecto da aviso inmediatamente al área pertinente que los repongan.

Practica y promueve el autocuidado

Esto resume todos los consejos entregados anteriormente. El autocuidado es una actitud que traspasa las condiciones de trabajo y las características del entorno, es la conducta que una persona adopta para protegerse a sí misma y al resto. Esta “conciencia” sobre los riesgos que nos rodean, finalmente evita que nos expongamos a algún peligro y por eso es la base de la prevención de accidentes.


¿Qué es el autocuidado laboral?

El autocuidado laboral puede ser definido como un conjunto de competencias laborales que permiten a un trabajador tomar buenas decisiones al enfrentar riesgos, sobre la base de valores interiorizados, y desarrollar prácticas y hábitos que le permitan mantener e incluso mejorar pro-activamente su propia seguridad y salud.

Una persona que practica el autocuidado es aquella que se percibe como un ser valioso en su condición de ser humano y que está en capacidad de construir su propio proyecto de vida. En su ambiente laboral, personal y familiar, piensa en soluciones que lo benefician tanto a él como a sus compañeros.

El autocuidado implica asumir la responsabilidad de escoger estilos de vida y de trabajo saludables, en la medida de las propias limitaciones y posibilidades.


Una persona que se caracteriza por tener una gran AUTOESTIMA; sabe que para comportarse con seguridad no necesita de unas normas que se lo estén recordando o de un supervisor que le esté vigilando.



Historia de la cultura preventiva

Cada vez es más frecuente en el mundo empresarial actual el concepto de “cultura de la prevención” o “cultura preventiva”. Son muchas las empresas que remarcan dicho concepto como valor interno con la finalidad de crear un marco en el que la seguridad y la prevención de incidentes se conviertan en uno de sus principales pilares. El concepto nace como “cultura de seguridad” en los años 80 vinculado fundamentalmente a los accidentes mayores y en concreto al accidente nuclear de Chernobyl, pasando a ser denominado “cultura preventiva” cuando con el tiempo adopta una dimensión más global.

Numerosos autores han definido la cultura preventiva como un sub-aspecto de cultura organizacional basado en la consecución de una  serie de objetivos con la finalidad de mejorar la seguridad en las instalaciones. Una de las definiciones más representativas sería la siguiente:

“Una cultura preventiva existe dentro de una organización en donde cada empleado individualmente, sin importar su posición en la estructura, asume un rol activo en la prevención de errores y ese rol es apoyado por toda la organización.”

Eiff (1999). EE.UU.

De dicha definición podemos extraer que la cultura preventiva se traduce en una actitud pro activa individual de todos y cada uno de los miembros que forman la organización en todo lo referente a aspectos de seguridad y salud. Es por este motivo, que cada persona que forma parte de la empresa independientemente de su nivel jerárquico, sección, tipo de trabajo, etc, debe integrar en su día a día una conducta activa en la toma de conciencia y en el fomento de hábitos seguros y comportamientos responsables frente a cualquier aspecto relacionado con la prevención de riesgos en el trabajo.

Son tres los elementos clave que sostienen una cultura preventiva sólida. En primer lugar la comunicación entre todas las personas que integran la organización. Dicha comunicación, tanto horizontal como vertical, debe favorecer un clima óptimo en el cual cualquier aspecto en materia de seguridad pueda ser expuesto, valorado y resuelto. La comunicación entre departamentos, áreas, secciones, mandos y responsables, favorece la integración de una óptica preventiva en el desarrollo diario de la actividad de la empresa.

El segundo elemento imprescindible es el compromiso de todos los integrantes. Éste marca los comportamientos y las decisiones a todos los niveles, incluyendo la seguridad en la  administración del tiempo de la propia actividad económica y considerando la prevención de incidentes como un valor más añadido de la organización. El último elemento clave es la participación constructiva de todas las personas de la organización. La gestión preventiva de cualquier empresa es un sistema el cual siempre debe tener como objetivo la mejora continua a través de la integración de todos los procedimientos que lo forman. Para ello es imprescindible la interacción personal basada en una actitud positiva y colaboradora que permita avanzar y mejorar día a día.


Sin duda la creación de una cultura preventiva es un proceso continuo. Parker presenta la consecución de la misma como un camino progresivo diferenciando cinco niveles de avance:

• Patológico: nivel en el que se agrupan organizaciones que únicamente intervienen en    seguridad y salud cuando lo requiere la autoridad.

• Reactivo: empresas que actúan cuando ocurren incidentes.

• Formalista: agrupa organizaciones que tiene implantado un sistema de gestión y se cumplen unas reglas.

• Pro activo: la gestión de la seguridad y salud se realiza mirando al futuro e incorporando la seguridad en el diseño. Los trabajadores/as están involucrados/as en la práctica y colaboran adecuadamente en la gestión preventiva.

• Generativo: se han conseguido estándares muy altos, los errores y fallos se utilizan para mejorar, se buscan los fallos antes de que ocurran.

Conseguir que un cultura preventiva llegue a un nivel pro activo o generativo está en la mano de todos y cada uno de los integrantes de la organización. Siempre que exista una creencia colectiva en seguridad y salud y la implicación correspondiente, conseguiremos avanzar en el camino hacia una cultura preventiva sólida.

AUTOCUIDADO DEL EQUIPO DE TRABAJO

Cada vez se ha ido haciendo más frecuente que los equiposde trabajo realicen actividades de autocuidado. El autocuidado de un equipo de trabajo se refiere a poner en práctica una serie de estrategias para fortalecer el equipo, evitar su desgaste excesivo, prevenir la ocurrencia de patologías de distinto tipo en sus integrantes, mantener la eficacia del grupo, así como mantener la sensación de bienestar subjetivo.

En general las estrategias de autocuidado apuntan a cuatro áreas: la primera es la preocupación por las condiciones físicas de trabajo y los riesgos que pueda haber. La segunda área se refiere a llevar a cabo actividades que promuevan la identidad grupal y el sentido de pertenencia. La tercera área se relaciona con aprender a manejar mejor las emociones y tensiones propias del trabajo y de cada cargo en particular. Y la cuarta se refiere a aspectos extralaborales, lúdicos y sociales. Lo importante es que sea el mismo equipo quien tome conciencia de la necesidad de autocuidarse (de ahí su nombre), y ponga en ejecución estas prácticas, aunque a veces sea necesario contar con el apoyo externo.


Actividades prácticas sencillas y que pueden incluirse en alguna o varias de las cuatro áreas señaladas, son por ejemplo desayunos grupales cada cierto tiempo, una convivencia, hacer pausas saludables, reuniones de autoanálisis, traer algún experto para una charla, actividades de integración en general como celebrar los cumpleaños, talleres de inteligencia emocional, cursos de manejo de conflictos, actividades de recreación o deportivas, y un gran etc.

Algunas de estas actividades pueden ser implementadas por el propio equipo, pero algunas de ellas es conveniente que sean llevadas a cabo por asesores externos.

Si bien es cierto que el autocuidado de equipos se ha dado principalmente en equipos de salud mental o psicosociales, se ha ido extendiendo cada vez más a otros ámbitos laborales, incluso a la empresa privada, porque estas organizaciones han ido comprendiendo sus beneficios. De hecho, la gran mayoría de los trabajos actuales tienen exigencias elevadas de metas, lo que puede acarrear tensiones y conflictos al interior del grupo. O a veces los mismos sistemas de turno –sobre todo cuando son en altura geográfica-, generan irritabilidad y tienden a empobrecer la comunicación y las relaciones humanas del equipo. Un inteligente ejecutivo de una minera que comprendió muy bien estos principios, mantiene estas prácticas en forma permanente, y cada dos años me pide un taller de autocuidado, que normalmente realizamos con la modalidad de team building. Ni que decir que su equipo es excelente, pues cumple siempre las metas de la compañía, tienen menos licencias médicas, y la misma gente que conforma el equipo son personas muy integradas y equilibradas.


Varios estudios han mostrado que las actividades de autocuidado del equipo producen efectivamente un mejoramiento del equipo y contribuyen a la salud mental del mismo. Los beneficios descubiertos ocurren tanto en el plano individual como en el grupal. Las personas aprenden a hablar de sus problemas, a revisar las metas como equipo, a comunicarse más abiertamente y sin tabúes, a manejar mejor las tensiones propias del trabajo, a pedir ayuda o apoyo, a manejar mejor los conflictos, etc. En síntesis, el autocuidado del equipo es definitivamente una actividad necesaria.



¿Qué entendemos por Auto cuidado?

Una definición interesante, entre muchas otras, la encontramos en la Fundación Iberoamericana de Seguridad y Salud Ocupacional(FISO), que nos dice que “el Autocuidado es el conjunto de habilidades y competencias a las que recurre el individuo para establecer procesos y manejos desde y hacia sí mismo, hacia el grupo, hacia la comunidad o hacia la empresa, con el objeto de gestionar y resolver sus propios procesos y su necesidad de desarrollarse como ser humano y frente a los desafíos del diario vivir”.

En tanto, para la Asociación Chilena de Seguridad, una de nuestras mutualidades que predica entre sus empresas afiliadas este concepto en su gestión preventiva, “el Autocuidado implica asumir la responsabilidad de escoger estilos de vida y de trabajo saludables, en la medida de las propias limitaciones y posibilidades. Una persona que practica el Autocuidado es aquella que se percibe como un ser valioso en su condición de ser humano y que está en capacidad de construir su propio proyecto de vida. En su ambiente laboral, personal y familiar, piensa en soluciones que lo benefician tanto a él como a sus compañeros”.

Entonces, de las definiciones anteriores, podemos inferir que el Autocuidado es una actitud que implica pensamientos, conocimientos y creencias en las personas; emociones y afectos y conductas. En el fondo, practicar el Autocuidado hace más competentes a los trabajadores o personas, toda vez que lo que es forma parte de los contenidos de las competencias en las personas (saber-saber hacer- saber ser).


En resumen, las estrategias y técnicas de Autocuidado no necesariamente se aprenden de libros y cursos especializados; hay recursos que tenemos como seres humanos conscientes de nuestra alimentación, cuidado del sueño y descanso, estado físico, protección de sí mismos y de sus compañeros, etc. El cuidarse a sí mismo y cuidar a otros es parte fundamental para una vida en sociedad, armónica y saludable. La conciencia corporal, mental y emocional no solo previene el malestar, sino que promueve una mejor calidad de vida y bienestar humano. De ello, inferimos que, en especial el Autocuidado es clave en la seguridad laboral.